(Entrada publicada en 2016 y revisada en junio de 2026)
Un año nuevo con el mismo compañero de viaje. tiemo

«Acabamos de comenzar un año nuevo. Para quienes vivimos con dolor crónico, el paso del tiempo tiene un significado muy distinto…»
Para mí comienza un año más, con un horizonte un tanto incierto por muchas razones, y aunque me gustaría ser uno de tantos, que solo le pide al año que comienza salud y amor para el año próximo, me temo que mi compañero de viaje se queda conmigo de momento. Y por lo tanto el objetivo prioritario de la mayoría, que no es otro que la salud, esperamos que en el caso del dolor crónico éste se desvanezca como las gotas de escarcha del invierno cuando sale el sol.
El dolor crónico en un mundo que se ha inmunizado contra el sufrimiento
Parece que nos hemos inmunizado contra el dolor ajeno. Contra el dolor de una guerra que lleva años destruyendo vidas, ilusiones, ciudades increíbles y la esperanza de varias generaciones.
Si somos capaces de ver eso como algo normal, cómo no vamos a normalizar también el dolor crónico como un mal necesario.
Dolor crónico y tiempo son dos axiomas inseparables. El dolor se convierte en crónico cuando cursa por más de seis meses. Y cuando comienzas a experimentar un dolor neuropático —especialmente si afecta al nervio trigémino— además de no saber qué te ocurre, puede pasar meses o años hasta obtener un diagnóstico.
Cuando llega ese momento, en muchos casos el dolor ya se ha enganchado a ti como una parte más de ti mismo. Y lo peor es que no sabes por cuánto tiempo.
Como decía Cervantes: «Los que saben sentir saben decir».
«El tiempo lo cura todo»: la gran mentira del dolor crónico
Habréis leído muchas veces, que “el tiempo lo cura todo”, y por mi experiencia personal, cuando has perdido a tus seres más queridos, puedo decir que no lo cura, pero te ayuda a soportarlo y a vivir con el dolor de sus ausencias.
En el caso del dolor crónico, el tiempo juega en contra.
Por un lado, está la batalla personal: la de quien no entiende cómo ese dolor puede haberse agarrado así a su cuerpo y lucha con las armas que tiene. Por otro, el tiempo que va pasando y ves cómo pasa tu vida y cómo se te escapan tantas cosas.
En mi caso, lo único que deseaba era que pasara el tiempo. Me dijeron que era cuestión de tiempo, que el nervio irritado se tranquilizaría. Pero cuando ya ha pasado esa etapa y sigues igual, comienza una búsqueda desenfrenada de tratamientos, de diagnóstico, de alivio.
Y cuando tienes una temporada mala, sigue siendo lo mismo: solo deseas que el tiempo pase lo más rápido posible.
El tiempo como enemigo silencioso del paciente con dolor
Como dijera Marcel Proust: «Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre».
Para un paciente con dolor crónico, el paso del tiempo es un enemigo silencioso que va instalándose junto al dolor. Piensas que esto no puede durar mucho, porque es imposible estar así. Sufriendo. Mermando tu calidad de vida poco a poco. Minando tu mente. Destruyendo esperanzas e ilusiones sin que te des cuenta. Y es que sí el consciente no es previsible, el subconsciente es incontrolable, parece imposible que pueda derribar tus profundas raíces.
Porque el tiempo no se detiene. Ambos van a la par.
Lo peor es que cuando tienes alguna tregua y el dolor te da un respiro, aparece el subconsciente diciéndote que esto se ha parado, que hoy estás mejor. Y entonces el miedo te atenaza: si vuelve la tregua, ya estás esperando la crisis siguiente.
El psicólogo o terapeuta habla de la profecía autocumplida: no lo pienses así porque ocurrirá. Pero no somos héroes. Somos enfermos de dolor. Y tener una mente fuerte es para unos cuantos afortunados, entre los que yo no me encuentro. Porque ha llegado un momento en que crees que el dolor solo existe en tu cabeza, aunque esto sea cierto, porque el dolor se registra en nuestro cerebro pasado cierto tiempo y entonces ¡¡¡.

Las cicatrices del dolor crónico: el jarrón roto
Como diría Rose Kennedy: “Siempre nos han dicho que el tiempo cura las heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas permanecen. Con el tiempo, la mente, para preservar su cordura las cubre con un tejido de cicatriz, y el dolor disminuye, pero nunca se va”.
Yo añadiría algo más, que el paso del tiempo en aquellos pacientes que tienen dolor crónico, nos hace que cada vez seamos más sensibles, y que cada vez soportemos peor, lo que antes parecía que llevábamos a cuestas, como una de tantas cargas. En mi experiencia y en la de otros que he comentado nos pasa eso, no nos consideramos héroes que soportamos bien el dolor, sino que no hacemos más hipersensibles y el dolor cada vez nos afecta más.
Y qué decir cuando el dolor está presente en un niño. Si para un adulto es una tortura, para un niño lo considero algo intolerable, qué pasa, que ya se le olvidará, que su cerebro no se acordará…
Desde mi experiencia personal me veo como un jarrón roto, ya que hace años mi mente se rompió por las decepciones y las frustraciones después de tanta lucha contra el dolor y lo que ello conlleva; y aunque con ayuda profesional y médica he tratado de recomponer los trozos, las fisuras del jarrón están ahí, y aunque las han pegado, no puedo evitar que “el tiempo” de forma inevitable haga que alguna fisura se abra de nuevo y las cicatrices duelan aún más.
Adaptarse, no resignarse: vivir con dolor crónico
No cabe duda que el tiempo nos cambia a todos, y los pacientes con dolor crónico hemos tenido que saber adaptarnos a esta situación.
Los milagros no existen en estos casos, y la medicina llega hasta donde puede llegar o la dejan por falta de medios. Es una afirmación difícil de asumir, soy consciente, y no es tirar la toalla, porque la lucha está ahí, pero yo solo tengo las armas de la escritura, no tengo el poder de la innovación e investigación, tan necesaria.
Hay que adaptarse, en el sentido de saber qué te produce más dolor, qué situaciones o hechos te perjudican, y aceptar que tienes una enfermedad que se llama dolor. El dolor crónico y el tiempo que llevas con él te cambian, ya no volverás a ser el mismo, no puedo ir en busca del tiempo perdido, porque aunque un día cese o sea tolerable, ya no serás el mismo.
¿Por qué?, porque el tiempo no lo cura todo.
Yo no quiero que me vean como una luchadora ni como un persona muy fuerte por lo que llevo pasado, solo quiero adaptarme, pero que esa adaptación sea soportable, pues “no hay daño tan grande como el del tiempo perdido” Miguel Ángel Buonarroti”.
El sentido del humor como aliado frágil
En todos estos años yo he tenido un aliado, al menos es lo que me han dicho, y ha sido mi sentido del humor, pues a mi alrededor siempre oía lo bien que lo llevaba, según me decían. El sentido del humor sí que lo tengo, cada vez menos, pero nunca lo he llevado bien, era todo una fachada para que los que me rodeaban no sufrieran lo que yo sufro, porque cómo duele fingir estar bien.
Cada vez escucho: «No te preocupes, la ciencia avanza mucho». Eso lo llevo oyendo 22 años. Pero el tiempo es el peor enemigo del dolor, porque cuanto más pasa, más se registra en tu mente y más difícil es controlarlo. No es como resetear un ordenador. Ojalá, yo me apunto ya.
No rendirse, pero saber que ya fue suficiente
No debemos rendirnos ante el inexorable paso del tiempo. Pero tampoco podemos seguir esperando sin más.
Hay bastante diferencia entre rendirse y saber que ya fue suficiente.
“No te rindas por favor no cedas aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo porque esta es la hora y el mejor momento”, Mario Benedeti.

Para seguir leyendo
- Apoyo mutuo entre pacientes con dolor crónico — entrada relacionada
- El dolor crónico invisible: ¿me ves? — otra reflexión del blog

Has definido exactamente lo que me pasa a mi, neuralgia de trigemino, ese dolor que te va matando y que no sabes el día y la hora en el que va a aparecer.
Acostarte y no saber si te va a despertar a las 3 o las 4 de la mañana y meterte a la cama con miedo de que se despierte agarrado a ti y pase el día siguiente contigo y quitandote otro día de tu vida.
Me ha encantado como lo has descrito.
Un saludo de otra afectada por este terrible monstruo.
Gracias Pilar por tus palabras. Es lo que pretende este blog, ser un medio de expresión para los que sufrimos esta maldita enfermedad que te arranca la vida en todos sus aspectos. No nos conformamos por ser casos complejos.