
Cuando también duele el alma
(Entrada publicada en 2016 y revisada en 2026)
“Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente”.
— Joaquín Argente
“Las lágrimas son palabras que necesitan ser escritas”.
— Paulo Coelho
Este post, como la mayoría de los que forman parte de este blog, nace desde mi experiencia personal. Pero también pretende convertirse en un espacio compartido donde otras personas puedan sentirse reflejadas, comprendidas y escuchadas, Porque muchas veces poner palabras al sufrimiento es la única forma de dejar de sentirse invisible.
El dolor emocional y el dolor crónico
Cuando hablamos de dolor crónico normalmente pensamos en el sufrimiento físico. Sin embargo, existe otro dolor mucho más difícil de explicar: el dolor emocional.
Un dolor silencioso que no aparece en pruebas médicas, que no se puede medir y que, aun así, termina afectando profundamente a la vida de quien lo padece.
Siguiendo con las anteriores entradas del blog, hoy quiero hablar del dolor visto desde otro lugar: el dolor que no se ve, pero que invade el alma.
Tú eres mi dolor. No puedo verte, pero sí sentirte. Nadie más puede observar realmente lo que provocas en mí, y quizá por eso cuesta tanto que los demás comprendan lo que supone convivir con una enfermedad de dolor crónico.
Qué es el dolor emocional
El dolor emocional no es físico, pero muchas veces se siente como si lo fuera.
Es una sensación profunda de angustia, tristeza, desesperanza y agotamiento emocional que termina atrapándote. Un sufrimiento interno que asfixia lentamente y que aparece cuando el dolor físico deja de ser algo temporal para convertirse en una forma de vida.
En mi caso, el dolor emocional apareció a medida que el dolor neuropático se cronificaba.
Es como hundirse en el fondo del océano mientras intentas seguir respirando. Y cuando el dolor físico y el emocional se unen, el resultado puede ser devastador.
Vivir con dolor crónico también afecta a la salud mental
Muchas personas con dolor crónico terminan desarrollando ansiedad, depresión o un desgaste psicológico profundo. No porque “todo esté en su cabeza”, sino porque convivir con sufrimiento constante termina afectando inevitablemente a la mente y a las emociones.
Existen profesionales especializados en salud mental, como psicólogos y psiquiatras, que pueden ayudar enormemente en este proceso. Sin embargo, la realidad no siempre es tan sencilla.
No todos los pacientes responden igual a los tratamientos psicológicos o farmacológicos. Igual que ocurre con los medicamentos para el dolor, hay personas que mejoran y otras que continúan sufriendo a pesar de intentarlo todo.
Y entonces aparece una pregunta difícil:
¿Qué ocurre cuando tampoco funciona eso?
La importancia del apoyo psicológico en las unidades del dolor
El tratamiento del dolor crónico debería ser multidisciplinar, y esta realidad con el tiempo cambiará.
Las unidades del dolor tendrían que contar siempre con psicólogos y psiquiatras especializados en pacientes con dolor crónico neuropático, porque no basta con conocer la ansiedad o la depresión de forma general. Hay que entender cómo el dolor constante transforma emocionalmente a una persona.
Lamentablemente, esto solo ocurre en algunas unidades muy especializadas y normalmente en grandes ciudades. Ahora que reviso esta entrada escrita en 2016 puedo comprobar que 10 años depués, esta petición es un hecho real en las unidades de primer nivel.
La mayoría de pacientes tienen que buscar ayuda por su cuenta, asumir largos tiempos de espera o costear tratamientos privados que muchas veces no pueden permitirse.
La desesperanza en el dolor crónico invisible
Uno de los sentimientos más duros que aparecen con el tiempo es la desesperanza. La sensación de vivir en una sociedad que no entiende cómo puede existir un dolor que no desaparece, que no se cura y que sigue siendo invisible.
Escuchar frases como:
- “Qué mala suerte”
- “La medicina ya no puede hacer más”
- “Tendrás que aprender a vivir así”
Tdas ellas y más terminan desgastando profundamente, algo sobre lo que escribiré con más detenimiento.
Poco a poco empiezas a sentir que ya no encajas, que te conviertes en parte de un grupo olvidado, invisible y difícil de comprender para los demás.
El desgaste emocional de las expectativas frustradas
Todo el mundo te dice que debes ser fuerte, positiva y optimista.
Pero la realidad es que las expectativas frustradas, la falta de empatía y la incomprensión social pueden llegar a doler tanto como el propio dolor físico.
A veces una simple palabra, una decepción o un gesto de indiferencia son suficientes para derrumbar emocionalmente a una persona que ya vive al límite.
Porque cuando el sufrimiento emocional se instala profundamente dentro de ti, cualquier pequeño golpe termina pesando demasiado.
“La lluvia cae porque la nube ya no puede soportar el peso. Las lágrimas caen porque el corazón ya no puede soportar el dolor”.
Reconstruirse después del dolor
Cuando el dolor crónico destruye los cimientos emocionales de una persona, volver a reconstruirse no siempre es sencillo. Cada persona carga con su propia mochila emocional, sus heridas y sus experiencias. Y aunque desde fuera pueda parecer fácil empezar de nuevo, la realidad es mucho más compleja. No siempre se puede partir de cero cuando el dolor forma parte de tu historia, de tu memoria y de tu vida diaria.
Aprender a no desistir
No quiero terminar esta entrada desde la tristeza, sino desde la resistencia.
Porque incluso en los peores momentos existe algo dentro de nosotros que sigue intentando mantenerse en pie.
“El alma resiste mucho mejor los dolores agudos que la tristeza prolongada”.
— Rousseau
Y quizá una de las frases que más sentido tiene cuando se vive con dolor crónico sea esta de Rudyard Kipling:
“Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino


Preciosas palabras que describen a la perfección el dolor del Alma. Ese que duele tanto. Más que ningún otro dolor, te desgarra por dentro. Por desgracia aun acudir al psicólogo o psiquiatra parece seguir siendo un signo de debilidad frente a la vida o a las circunstancias cosa que no sucede si vas al traumatologo por ejemplo.
Desgraciadamente es así, y las cicatrices que de tejano, ambos dolores las exteriores y las internas. Y pensar que muchos aún piensan que mucho es un psicosomático . Un abrazo
Como siempre me siento completamente identificada contigo. Como si me leyeras el pensamiento. No lo has podido describir mejor. Gracias amiga.
Gracias Teresa también pensaba en ti.
El comentario me parece acertadísimo,
Me encuentro en una situación que por dolorosa parece absurda, me duele el cuerpo, todo el cuerpo, dentro de mi cabeza se encuentra el mar, zumbidos, oleaje, mas internamente, debe ser el alma, está mi tristeza, mi soledad.
He estado un año yendo al psicólogo, hasta que ha llegado un punto en que sus remedios, no me valían. Decir que sufro un trastorno adaptativo es decir nada, o un dolor crónico que «puede derivar de los problemas de la infancia», tampoco es que sirva aunque de esto último no le falta algo de razón.
Cuando llevas tomando medicación para la proscrita epilepsia desde los quince años, tengo 64, y me he tenido que abrir paso en la vida a base de codazos, el dolor crónico emocional, ya lo llevas puesto. A eso le unes el dolor presente y ¡Apaga y vamonos!
Sin embargo la pregunta diaria es como conseguir vencer esta situación?. Me temo que no lo voy a lograr.
Hola Félix, precisamente para mí esta es una de las entradas más personales. Porque el dolor físico es horrible pero el emocional es tan devastador como el otro. Muchas veces me lo planteo que no puedo emocionalmente con tanto sufrimiento emocional, con la falta de esperanza, con una angustia que me invade todo y cualquier roce me hace saltar en pedazos los sentimientos. La ayuda psicológica es muy importante pero si se bajara el umbral del dolor físico el emocional podría apaciguarse o tener un aliento.
Un abrazo