(Entrada publicada en 2017 y revisada en junio de 2026)
«Como ya deberíamos saber, la representación más exacta, más precisa, del alma humana es el laberinto. En ella todo es posible». — José Saramago
El laberinto como metáfora del dolor crónico

«Vivir con dolor crónico es como estar atrapado en un laberinto. Hoy es la festividad de Santo Tomás de Aquino…» (1225-1274), teólogo y filósofo católico cuyo énfasis en el libre albedrío tuvo gran repercusión en la psicología.
«Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros».
No sé si alguno de los lectores habrá visto la película de Guillermo del Toro que he elegido para ilustrar esta entrada. A mí me gustó no solo por su realización, sino por la historia que encerraba: la crueldad de una guerra y la inocencia e imaginación de una niña que sigue todas las pistas que el Fauno le pone dentro del laberinto, poniéndola a prueba continuamente.
He preferido este laberinto al clásico del Minotauro porque me gustó más la trama del Fauno. Y os preguntaréis qué tiene esto que ver con vivir con dolor crónico.
Para mí, mucho. Creo que todos nos vemos inmersos en un laberinto. La vida es en sí un laberinto, más fácil o difícil. Y algunos tenemos que luchar contra un Fauno: aprender las pistas que nos da, aferrarnos a una historia que nos deje escapar de la vida en la que nos hemos visto inmersos.
El Fauno del dolor: pruebas sin fin
A estas alturas, los lectores de este blog pueden entender que el Fauno lo identifico con vivir con dolor crónico. Te pone siempre a prueba. Y cada uno de los pacientes lucha dentro de ese laberinto, que no siempre es el mismo para todos.
No queremos acabar como la protagonista, dando nuestra sangre pura. Pero sí estamos dispuestos a dar todo por salir del laberinto, aunque tengamos que dejar parte de nuestra «sangre» y muchas cicatrices en el camino.
Cuando el Fauno te visita, entras en su laberinto. Un laberinto lleno de:
- Médicos, pruebas y decepciones
- Expectativas que se desvanecen
- Caídas y recaídas
- Búsquedas irrefrenables de una salida
- Incomprensión e incredulidad
Puede que estés en los primeros escalones, o a medio camino, o muy abajo. Quizás veas el camino de vuelta o, al contrario, cada vez sea más difícil salir. Porque no sabes ni donde está el hilo del que tirar, ni comprendes las señales de salidas si las hay, o a quién hacer caso si es que llegas a encontrar una salida. Todo ello con un simple objetivo, no buscas una solución sino tan solo tener una vida medianamente normal.
Los compañeros del laberinto: médicos, pacientes y decepciones

Los compañeros del laberinto: médicos, pacientes y decepciones
En ese laberinto te encuentras a otros compañeros perdidos y a los profesionales que tratan tu problema. Si tienes suerte, cada uno te da una explicación de cómo salir. Pero no la salida, porque precisamente estamos en un laberinto.
Para mí, lo peor del laberinto es la incomprensión de algunos profesionales. ¿Por qué es lo peor? Porque te hunde más dentro y pierdes lo último que te queda: la esperanza.
«Una discusión prolongada es un laberinto en el que la verdad siempre se pierde». — Séneca
Neuralgia del trigémino: cuando el laberinto se complica
Dependiendo de cómo se te haya desencadenado el dolor crónico, y otros cuadros álgidos que se van uniendo, ya sean óseos, articulares; y más concretamente cuando se trata de una neuralgia del trigémino (típica o atípica), puedes tener buena suerte y no llegar a entrar en el laberinto del Fauno, pues con el de la vida ya tienes de sobra, o mala suerte.
En mi caso, he pasado por las manos de maxilofaciales, neurólogos de distintas ciudades, neurocirujanos, unidades de dolor, psiquiatras, psicólogos y fisioterapeutas. Pierdes la cuenta de los profesionales que has visto, del dinero invertido, de las idas y venidas.
Y terminas sintiéndote como una pelota rota que va pasando de unas manos a otras. Un paciente molesto que no responde a los cánones normales. Y entonces oyes la frase que más duele: «La medicina no tiene soluciones para usted».
En mi caso, a pesar de oír tantas veces que es que he tenido mala suerte, yo creo que sí tuve mala suerte en que se cruzara un profesional en mí camino que hizo mal su trabajo, pero eso lo tengo asumido, pero el resto no es mala suerte, sino que todos se excusan en que soy un caso complejo que necesita más tiempo de estudio y dedicación, como otros tantos que nos hemos unido en las redes sociales.
Y terminas sintiéndote como una pelota rota que va pasando de unas manos a otras. Un paciente molesto que no responde a los cánones normales. Y entonces oyes la frase que más duele: «La medicina no tiene soluciones para usted».
El motivo, simplemente no respondes a los cánones o pautas normales a lo que debería ser, y claro no van a reconocer que les desborda tu caso, y ahora con recortes, tiempo limitado en consultas, etc. Y en mi experiencia hablo tanto desde la sanidad pública como en la privada, y, como no dejamos de ser personas, terminas hundiéndote en el laberinto, cada vez más profundo, pues tu cuerpo cada vez está más cansado, debilitado y mentalmente destrozado.
Si no tienes suerte tardan mucho en saber qué te pasa, en mi caso si era claro el origen, pero no tanto la técnica o medios para la solución, y cómo señalé va pasando el tiempo (y ya van más de dos décadas), y te sometes a todas las técnicas que te proponen no te importan las secuelas físicas, las psicológicas quedan ahí en tu cabecita, porque confías en el profesional que en ese momento te lleva y simplemente porque no aguantas más el dolor y el sufrimiento que llevas a cuestas. Buscas respuestas en todos los lados, y te vas hundiendo en el laberinto sin darte cuenta.
“Una discusión prolongada es un laberinto en el que la verdad siempre se pierde” Séneca.
El e-paciente: cuando te conviertes en tu propio investigador
Con el paso del tiempo, y especialmente en la era de las nuevas tecnologías, quien vive con dolor crónico se convierte en un e-paciente.
El e-paciente es quien lee este blog, participa en redes sociales como @NeuralgiaSpain, visita grupos de apoyo en Facebook o foros de salud especializados. Un fenómeno bautizado como e-Salud o Salud 2.0.
Esto ocurre porque los pacientes ya no quieren ser observadores pasivos. Quieren construir, participar y compartir. Buscar respuestas cuando el sistema no las da.
Comencé a leer libros de medicina y artículos científicos que con mucho esfuerzo fui comprendiendo. Porque además de ser uno mismo quien mejor se conoce, necesitas saber qué te pasa.
El médico que escucha: una figura escasa pero necesaria. Qué significa vivir con dolor crónico día a día»
Me pregunto por el profesional médico que ha hecho un juramento y ejerce por vocación.
Solo he encontrado uno o dos que sean verdaderamente sinceros. Y los prefiero. Prefiero al profesional honesto que te dice que no puede ayudarte pero buscará a quien sí pueda, antes que al que escurre el problema o te deja sin respuesta.
Como señala el Dr. Alfonso Vidal sobre el empoderamiento del paciente: los lazos entre paciente y profesional tienen que ser de confianza. ¿Cómo vas a seguir un tratamiento si quien te lo prescribe ni te mira a los ojos, ni te escucha?
Oír no es escuchar. Y esa diferencia, para quienes vivimos con dolor crónico, lo cambia todo.
Lo que se pierde en el laberinto del dolor.
Al final, qué ocurre: te vas metiendo en el laberinto, superando las pruebas que te pone el Fauno, y a veces con ganas de que venza él.
Porque «nosotros los de antes, ya no somos los mismos» (Pablo Neruda).
En la entrada anterior señalé que es necesario adaptarse pero no rendirse. Porque «perder la paciencia es perder la batalla», como dijo Gandhi. Pero todo tiene un límite. Somos personas, no máquinas. Necesitamos ser escuchados y ver, aunque sea, una pequeña lucecita.
No una curación. Solo una mejoría que haga la vida un poco más fácil. Sin dar más «sangre inocente» de la que ya nos ha quemado el Fauno.
Los siguientes pasos van de la mano, simplemente son los siguientes escalones del laberinto, o te enredan o te enredas tú mismo, porque quieres escapar del Fauno, y oyes hablar de asociaciones, que parecen que son tu esperanza y son otra decepción más. ¿Dónde está mi derecho a aliviar mi dolor?
Siempre he sido respetuosa con todos los médicos que he visto, pero no puedo decir lo mismo de algunos de ellos. Prefiero un especialista sincero a uno que escurra el problema. No me puedo conformar con ser un caso desahuciado, me planteo crear una plataforma “stop desahuciados por el dolor”, o simplemente desaparecer dentro del laberinto.
La salida del laberinto: esperanza y solidaridad
En todo laberinto siempre hay una salida. Pero puede que hayas llegado tan adentro que el miedo —más silencioso que el dolor— no te deje verla.
La cuestión es salir del laberinto y que el Fauno se quede dentro de él. Y, si es posible, enseñar a otros a cómo salir.
«La vida es un laberinto. Pero los iluminados conocen la salida». — J. Narosky
Solo necesito una pequeña luz que me dé esperanza para saber que tanto luchar mereció la pena.
Ahora me pregunto por el profesional médico, que ha hecho un juramento y que lo es, hasta donde yo entiendo, por vocación, y aun siendo consciente de los recortes y de su exceso de trabajo, solo he encontrado uno o dos que sean sinceros y se les escape de su ámbito profesional, y prefiero eso, es decir, un profesional honesto que te diga que él no te puede ayudar, pero que buscará a quién sí pueda o lo intente, y si lo ha intentado y no ha funcionado no se escude en que tenía que haber funcionado o el problema es otro, o tiene usted que buscar a un profesional que le ayude.
Lo busco yo, pongo un anuncio y escribo “busco profesional con ganas y dedicación que solucione problema complejo, tendrá la mejor de las recompensas, mi eterno agradecimiento”. Aquí recuerdo leer a Bernabé Tierno, “si consigues mejorar la vida de alguna persona, el mayor recompensado será sin duda tú”.
Yo me he dedicado a una profesión vocacional en esta sociedad y siempre he respetado las pautas, y si bien no está relacionada con la medicina, nunca he dado a un alumno por perdido, porque yo sería la responsable, sí él pone de su parte yo me vuelco en él hasta que logre su objetivo. Además no hay trabajo más productivo que el de una persona contenta en su trabajo. Y ya dedicaré otra entrada a lo que nos dejamos en el camino, porque aunque luchas por evitarlo, al final tienes que dejar tu trabajo si lo tienes, o no poder aspirar a uno.
En la medicina es diferente, porque no es una ciencia exacta y cualquiera lo entiende, pero tanto que hablan de avances médicos y científicos, al menos eso me han dicho mí estas última décadas, no desesperes que con el tiempo encuentran una solución; ya la he visto, estar más abajo en el laberinto. Sé que yo no puedo pedirle a nadie que actúe como yo lo hecho, pero para mí “no hay mayor decepción que aquella que viene de alguien que creías diferente”.
En la entrada anterior señale que es necesario adaptarse pero no rendirse. Pero todo tiene un límite, somos personas no máquinas y necesitamos ser escuchados, y ver que aunque estemos luchando contra las pruebas del Fauno dentro del laberinto en el que nos encontramos, se pueda ver una lucecita, una cierta esperanza, no una curación pero sí una mejoría que te haga la vida un poco más fácil, sin dar más “sangre inocente”, en sentido figurado, de la que ya nos ha quemado el Fauno. Yo doy muchas batallas por perdidas pero no por mí, sino por las decepciones que llevo en mi interior.

Para seguir leyendo
- Dolor crónico y el paso del tiempo: adaptarse sin rendirse — entrada anterior relacionada
- Apoyo mutuo entre pacientes con dolor crónico — sobre la fuerza de la comunidad
- Empatía y dolor crónico: cuando ser escuchado también cura — sobre la relación médico-paciente

Reblogueó esto en El dolor sí tiene nombre.
Una vez más Leonor, gracias. Sobre todo por recordar en una de las primeras comillas «hago lo que me gustaría que hicieran por mi» es uno de mis lemas.
Saldremos del laberinto cielo, saldremos y le ha de remos una patada al Fauno en sus mismísimas partes.
Un besazo.
El Fauno es listo y se las sabe todas, pero llevo días preguntándome por qué me tengo que conformar por ser un caso complejo. Oirás como yo, anda no te queda otra, y no hablamos de dolor sino de cosas más livianas de la vida. Yo no me conformo con ser un estereotipo de «no hay nada que hacer», eso para cuando ya no esté entre los vivos.
Tan identificada como siempre con lo que escribes. A mí Fauno ha intentado convencerme de que dé mi vida, pero no sé cómo he podido con él y sigo aquí intentando sobrevivir. Presiento que yo no voy a salir del laberinto pero espero quedarme en una zona en la que esté lo más alejada del abismo que es a dónde a Fauno le gustaría llevarme.
No puedo ofrecerte alivio, pues tampoco encuentro para mí, pero sí decirte que no estás sola, que juntas vamos a poder. Un abrazo y mucha fuerza y paciencia 💪❤️💋🍏
Gracias Vero, es una de mis primeras entradas y está revisada en el libro porque nos vemos tantos en ese laberinto. En el que entras sin saberlo y vas bajando sin quererlo. Tampoco creo que salga y como tú me quede en una zona en la que el Fauno no me vea siempre, porque una fina capa o un abrazo amigo como el tuyo le despiste. Gracias amiga.🍏😘💚