El dolor en tercera persona. ¿Me ves? (Parte I)

Cuando la empatía también cura

(Entrada publicada en 2016 y revisada en 2026)

“Un día alguien te va a abrazar tan fuerte, que todas tus partes rotas se unirán de nuevo”.

Vivimos en una sociedad hiperconectada. Una sociedad donde las redes sociales, la inmediatez y la necesidad constante de estar visibles parecen formar parte de nuestra identidad. Compartimos emociones en Facebook, opiniones en Twitter y fragmentos de vida en plataformas digitales que nos mantienen conectados las 24 horas del día.

Y aunque todo esto puede ayudarnos —especialmente a quienes convivimos con enfermedades crónicas y encontramos apoyo en comunidades online—, también refleja algo preocupante: cada vez vivimos más conectados virtualmente y más desconectados emocionalmente.

La sociedad actual y la invisibilidad del dolor crónico

Hoy en día parece obligatorio estar presente en todas las redes sociales. Vivimos pendientes de pantallas, notificaciones y respuestas rápidas. Sin embargo, mientras avanzamos tecnológicamente, muchas veces olvidamos mirar a quienes tenemos delante.

Quizá por eso el dolor crónico sigue siendo tan invisible. Porque la sociedad actual se ha acostumbrado a mirar sin ver. Nos conmueven durante unos segundos las guerras, las hambrunas o las tragedias humanas que aparecen en televisión, pero rápidamente seguimos adelante. Todo sucede deprisa. Todo se consume deprisa. Incluso el sufrimiento ajeno.

Y algo parecido está ocurriendo también en la Medicina.

Los avances médicos y la falta de humanidad

Hace tiempo vi un documental titulado Hope: los avances médicos que cambiarán nuestras vidas, presentado por el doctor Mario Alonso Puig. En él se explicaba cómo la medicina ha avanzado más en los últimos veinte años que en varios siglos anteriores. Y es cierto. Los avances científicos son extraordinarios.

Pero la gran pregunta es: ¿Ha avanzado igual la parte humana de la medicina?

Después de más de dos décadas conviviendo con dolor crónico neuropático, mi sensación es que no.

Vivir más de 20 años con dolor neuropático facial

Escribo esta reflexión precisamente un 16 de diciembre, fecha que marca 22 años desde que el dolor crónico entró en mi vida.

Durante este tiempo he pasado por consultas, tratamientos, diagnósticos, decepciones y esperanzas rotas. Y aunque la medicina ha evolucionado enormemente, muchas personas con neuralgia del trigémino o dolor neuropático seguimos sintiéndonos igual de perdidas. O incluso peor.

Porque al dolor físico se suma el desgaste emocional, el cansancio psicológico y el paso del tiempo. Ya no buscas milagros. Solo deseas comprensión, humanidad y una mínima calidad de vida.

A veces una mirada amable puede aliviar más que un tratamiento.

“Cuando la medicina no puede curar, el cariño puede aliviar”.

La importancia de la empatía médica

Con el tiempo he comprendido algo esencial: muchos pacientes no esperan soluciones imposibles. Esperan sentirse escuchados. (Empatía: sentimiento de identificación con algo o alguien (RAE)

Sin embargo, la realidad es que las consultas médicas cada vez son más rápidas, impersonales y saturadas. Muchos profesionales apenas pueden dedicar unos minutos a cada paciente. Algunos ni siquiera levantan la mirada de la pantalla.

Y aunque entiendo la presión del sistema sanitario, la falta de empatía termina dejando una profunda huella emocional en quienes convivimos con enfermedades crónicas.

Dolor crónico y consultas deshumanizadas

La medicina actual corre el riesgo de convertirse en una medicina distante.

Las nuevas tecnologías, las videollamadas y las consultas virtuales pueden facilitar muchas cosas, pero también pueden aumentar la sensación de aislamiento del paciente si se pierde el trato humano.

Porque quien vive con dolor crónico necesita mucho más que medicación:

  • Necesita sentirse comprendido
  • Necesita cercanía
  • Necesita comunicación real
  • Necesita humanidad

El doctor Alfonso Vidal, jefe de la Unidad del Dolor del Hospital Quirónsalud, lo resumía perfectamente al afirmar que la comunicación humana y cercana entre médico y paciente puede llegar a ser terapéutica.

Y tiene razón.

El gran reto: entender el dolor crónico

Uno de los grandes problemas actuales es que todavía existe poca formación sobre dolor crónico y salud emocional dentro de la medicina.

El dolor neuropático no afecta únicamente al cuerpo. También transforma la mente, las emociones y la manera de relacionarse con el mundo.

Por eso resulta tan importante que las unidades del dolor incluyan profesionales especializados en psicología y salud mental, capaces de comprender el impacto real que tiene convivir diariamente con el sufrimiento.

Neuralgia del trigémino y enfermedades raras

El dolor neuropático facial y enfermedades como la neuralgia del trigémino siguen siendo patologías poco comprendidas y de baja prevalencia.

Eso provoca que muchos pacientes se sientan invisibles para la sociedad y, en ocasiones, también para el propio sistema sanitario.

Cuando padeces una enfermedad rara, la sensación de soledad puede ser enorme. Porque no solo tienes que luchar contra el dolor, sino también contra la incomprensión constante.

La desesperanza del paciente invisible

La invisibilidad termina generando desesperanza.

Desesperanza al escuchar que “hay que aprender a vivir con ello”. Desesperanza cuando no existen respuestas claras. Desesperanza cuando sientes que tu sufrimiento no encaja dentro de un sistema sanitario cada vez más rápido y menos humano.

Y, aun así, seguimos adelante.

Porque quienes convivimos con dolor crónico desarrollamos una resistencia silenciosa que pocas personas alcanzan a comprender.

“El dolor es la experiencia humana más compleja porque involucra toda tu vida pasada y presente”.
— Latif Nasser

10 comentarios sobre “El dolor en tercera persona. ¿Me ves? (Parte I)

  1. Gracias Leonor, mil gracias de nuevo por tus epístolas vitales que, sin personalizar, nos das nombre, sí, Invisibles.
    Tus detalles en cada frase o parafraseando al alguien imporante, nos involucra en tu lucha diaria que es la nuestra.
    Mil gracias compañera de fatiga y dolo, pero sobre todo copañera.

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