El valor de la amistad ante el dolor.

El valor de la amistad ante el dolor.

(Tiempo estimado de lectura 7 minutos)

Dice un proverbio chino que las buenas fuentes se conocen en las grandes sequías; los buenos amigos, en las épocas desgraciadas.

Antes de comenzar con esta nueva entrada quisiera agradecer a todos mis seguidores y lectores del blog la confianza depositada en el mismo. El pasado mes recibí una noticia que ahora comparto con todos. Ser finalista de la 5ª edición de los premios Consalud.es, del grupo Mediaforum, con esta ventana virtual, este blog, supone para mí haber conseguido el premio en sí. No solo porque no me lo esperaba, sino también por ser la única paciente entre los finalistas.

Quizá por ello he elegido la amistad como tema para esta nueva entrada, aunque siempre subyacen otros motivos o razones; y entre estas puede estar una de mis últimas lecturas, Los lunes nos querrán, de Najat El Hachmi, Premio Nadal de Novela 2021; lectura que desde esta líneas os recomiendo.

Una obra, esta última, que no solo es un canto hacía la libertad de las mujeres frente los condicionamientos sociales, raciales y de género, sino también pone de relieve el valor de la amistad, que a través de estas líneas quisiera transmitir.

Precisamente, dichos condicionamientos llevan a su protagonista a escribir: «Nosotras: entonces no lo sabíamos, pero estábamos conquistando territorios nuevos impensables para nuestras madres—, estábamos rasgando todos los velos, escarbando agujeros con endebles cucharitas en murallas impenetrables, y ni siquiera nos dábamos cuenta».

Con este título tan explícito, Los lunes nos querrán, su autora va más allá de los problemas mencionados de género e identidad, pues al tiempo he encontrado el mencionado canto a una amistad que igualmente supera lo que podemos conocer como tal. «Lo único que queríamos era ser amadas. Tal como éramos, sin más. Sin tener que recortarnos ni adaptarnos no someternos» Y, más adelante, nos relata que a pesar de lo cual y de la fuerza de este valor no fue suficiente para aguantar tantas embestidas, «y venimos arrastrando la herida desde hace siglos».

(© Beatriz Martín Vidal)

La amistad es constructora de las relaciones humanas, si bien una verdadera amistad, es la que lo soporta todo y no necesita ni de explicaciones, ni esperar nada a cambio. Ahora bien, no es la misma la que forjas en tu juventud, que la que, por ejemplo, ahora te acompaña.

«Si con esto no se entiende cuán grande es la fuerza de la amistad y concordia, por las disensiones y discordias puede percibirse. ¿Qué casa, en efecto, es tan estable, qué ciudad tan firme, que no pueda ser derribada de raíz por los odios y desavenencias? Por lo cual puede juzgarse cuánto bien hay en la amistad» (Cicerón, Lelio, VII, 23).[1]

Para el psicólogo Carl Rogers la amistad constituye: “una relación afectiva basada en la comunicación, la comprensión, el apoyo mutuo además del afecto y la armonía entre sus miembros”.

Podía añadir más definiciones de la amistad, de su valor, virtudes, de lo difícil o fácil que resulta para muchos mantenerla o alcanzarla. Pero en estas líneas deseo enfocarla desde el poder que tiene cuando aparecen los problemas, aquellos he ido relatando estos años, los relacionados con la salud y la enfermedad… En estos casos, se consolida o se esfuma cual escarcha con los primeros rayos de sol.

De hecho, cuando la enfermedad aparece en una familia, una pareja o en tu vida se produce un cierto choque de señales. Entonces te preguntas si la balanza de los amigos permanecerá: ¿Se hará más fuerte?, ¿cómo responderán?

(Foto de Chema Mado)

Escribo desde mi experiencia y solo si es una situación transitoria creo que los apoyos se mantendrán. No obstante, si se mantiene en el tiempo: ¿Podríamos decir lo mismo? En opinión de los expertos en psicología, esto se produce si cumple los siguientes elementos: la autenticidad, la cordialidad, la empatía y el hecho de estar dispuestos a abrirnos hacia otros. ¡Ojalá, no hubiera que diferenciar entre situaciones!

La respuesta es más complicada en el momento en el que en cualquier relación de amistad se instala ese huésped inquebrantable que aquí todos conocemos, el dolor crónico tal y como lo conocemos. Solo he de remitirme a lo escrito a lo largo de estos años. Ha llegado una nueva situación a tu vida que va a quedarse, con sus duelos, decepciones, y lo más habitual es que no puedas mantener la vida social y afectiva que antes tenías.

Aún recuerdo la mañana de 1994 en el que apareció el dolor en mi vida. En ese momento, e incluso durante muchos años después, pensé bien por necesidad o bien por supervivencia que no se quedaría conmigo para siempre. No ha sido así y desde hace tiempo sé que no se irá. Sin embargo, los amigos sí lo hicieron, no todos y he de ser sincera, incluso han aparecido unos nuevos que compensan con creces las pérdidas.

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Hace unos días fui invitada, por Joan Carles March, al aula abierta de pacientes de la Escuela de Pacientes (podéis ver la intervención en este enlace), para hablar del dolor, y en particular de: El dolor sí tiene nombre, y recordaba en la reflexiones un tema relacionado, el de la soledad forzada.

También y por estas fechas, pero en 2018, escribía sobre este tema, ya que la amistad hay que cuidarla, cultivarla como las flores que ahora plantas en primavera y compartirla, aunque este trabajo debería ser bidireccional.

Son demasiadas las decepciones que me he llevado en torno a la amistad siendo paciente de dolor crónico, en la medida en que en esta enfermedad, la neuralgia del trigémino, abarca todo tu entorno social, laboral, emocional, y pocos entienden cómo te sientes o lo que necesitas. Quizá solo necesites una palabra de aliento para seguir, o un momento para llorar, incluso hasta esa soledad forzada, porque “la Bestia” ha salido de caza, como así la llamamos, y no puedes aunque quieras.

Precisamente, ahí radica el valor de la amistad, ya que algunos pueden pensar que basta con querer ser amigos, como si fuera suficiente desear no sufrir dolor para que esto sucediera. No, no tenemos una barita mágica. En mi opinión, aquí lo de “querer es poder” o “la actitud todo lo puede”, va a ser que no funciona.

Es más fácil mantener una relación sana de amistad que conllevar y soportar una situación prolongada o eterna de dolor en tu vida. Quienes estamos en esta última situación valoramos la primera como una fuente de bienestar, un aliciente más para no caer en el desánimo y decir basta.

“La amistad es una igualdad y una semejanza”. Gran moral, de Aristóteles.

Es lo que supone alcanzar cierta edad, que das valor a quienes no juzgan, ni quieres que te juzguen. Te encuentras en un momento en el cual ya no te da apuro bloquear o apartar a quienes se califican de amigos. Han de entrar en juego los límites, y dejar de lado el bien conformar y el no saber fijar los anteriores, dado que influye y mucho en el dolor con el que has de convivir; y si bien a este no puedes, aunque desearías ponérselos, con los amigos sí puedes y es conveniente hacerlo.

Si el dolor crónico se instaura en tu vida como consecuencia de esta u otra enfermedad, los amigos adquieren un protagonismo que ellos no saben. Al menos yo no necesito que estén encima de mí todo el día, me basta con saber que cuento con ellos para reír, llorar, hablar, cuando puedo, o sentirlos cerca.

«La amistad, o al menos mi definición de ella, se basa en dos cosas: respeto y confianza. Y deben ser mutuas. Además, se tienen que dar los dos factores; puedes respetar a alguien, pero si no hay confianza, la amistad se desmorona». Los hombres que no amaban a las mujeres, (2005), Stieg Larsson.

Mientras el dolor crónico se convierte en tu peor enemigo, el valor de la amistad es el contrapunto, un gran apoyo para cualquier enfermo. Los expertos nos recomiendan que resolvamos los conflictos, seamos claros y transparentes. Sin embargo, no resulta fácil si el dolor está en tu vida, simplemente te hallas en un conflicto semiconstante con tú yo interior, y son demasiadas las ocasiones en las que no te apetece dar explicaciones o, como he apuntado, necesitas permanecer en silencio. Esto se puede identificar como un signo de no querer conservar esa amistad, y no es así.

Las claves de la escucha y la comunicación han de venir de ambos, en una relación sana, sin ataduras, ni tiempo. Cuidemos las palabras, que son tan poderosas como la amistad.

La valía de esta última está para los momentos de éxito e igualmente para los difíciles, y eso lo sabemos bien los pacientes de dolor en los que abundan los últimos. Si escuchas un “no puedo”, “no me apetece”, “no estoy de humor”, ponlo en su contexto. Intenta desde la empatía colocarte en el lugar del otro por un minuto, en lo que en día escribiera en los zapatos del dolor. Por ejemplo, recuerda cuando tuviste un simple dolor de muelas o una gripe, dado que es nuestro día a día.

No quiero ni deseo un trato especial, solo ansío una amistad verdadera, una puerta a la que llamar, un teléfono que me escuche sin juicios de valor, y no unas palabras de sobra conocidas que carecen de lo que en este blog pongo en valor, como: venga anímate que has de poner de tu parte.

Una buena amistad cura el alma, y recuerdo al escribir estas páginas el vídeo del psicólogo Edgar Cabanas sobre la “Happycracia”. El discurso simplista sobre con la actitud todo se puede, o si quiere puedes, centrado en el yo omnipresente y en ese positivismo impostado, que no se lo dejo para quienes se sientas a gusto con él.

Estimo que no es posible aplicarlo al dolor, y me pregunto: ¿Y a la amistad? ¿Basta con desearla para conseguirla?

Como paciente de dolor crónico tanto yo como el que ahora puede leerme, posiblemente nos creamos unas expectativas que son humanas, ante un nuevo tratamiento o una técnica, incluso ante una nueva amistad, y luego no queda otra que manejar los fracasos inevitables y seguir intentándolo.

Aquí la amistad juega un papel fundamental, el mencionado apoyo mutuo entre iguales. En la cara B del disco que no se muestra en el discurso actual de la felicidad, y a lo mejor todos debamos valorar más lo que es la amistad, con hechos, actitudes, palabras, gestos o una simple mirada.

No hay recetas mágicas para la felicidad, como tampoco para el dolor crónico, aspectos que no entro a comparar, pero sí tenemos a nuestro alcance la posibilidad de poner en práctica el valor de la amistad. Una que pueda abrazar sin gestos a una persona que sufre y reconfortarla no tanto de su dolor físico, aunque sí algo del que vengo denominando sufrimiento emocional

La relación con el dolor crónico de natura no puede ser sana, si bien con los buenos amigos, alejando aquellos tóxicos, te aportarán cierta seguridad emocional, sintiéndote cerca de ese círculo de pertenencia y propósito. Alguno habrá contemplado un grupo de aves volando juntas en armonía, que se apoyan y protegen frente a depredadores o enemigos, ahorran energía, facilita el vuelo y aprovechan las corrientes.

Los pacientes intentamos hacer algo parecido cuando nos unimos y por todo ello valoramos tanto la amistad.

«La amistad no tiene que ser difícil. A veces dejamos que el mundo lo haga difícil». El árbol de los deseos, (2017), Katherine Applegate.

(Foto propia de unas aves en vuelo aprovechando la corriente)

[1] Cicerón: Catón el mayor: de la vejez, Lelio: de la amistad, versión de Julio Pimentel Álvarez, Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, México: UNAM 1997.1

19 comentarios sobre “El valor de la amistad ante el dolor.

  1. Pues sí querida Leo, una buena amistad cura el alma, no necesita explicaciones y lo soporta todo. No soy ni la sombra de lo que era, pero soy una afortunada, el dolor crónico me ha traído amistad, apoyo mutuo, algo que nunca pensé que pudiera ocurrirme. Hagamos cómo las aves y caminemos juntas en armonía para que a pesar de no poder reducir el dolor físico, hagamos más llevadero el dolor emocional, pues no sentirse solo, ni bicho raro, ni juzgado es muy importante, ayuda a #NoDesistir. Un gran abrazo 🫂

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    1. En estas líneas de la entrada estás tú. Los nuevos amigos que llegaron junto al #dolor. Aquellos para los que no hace falta explicaciones. Sabes que me pienso quizá demasiado los títulos y el contenido del blog y cuando elegí la amistad pensé a ver cómo la conjugo con el dolor y adquiere mayor valor la amistad. Nos ayuda a seguir a pensar en ese apoyo fundamental para #NoDesistir.
      Gracias por formar parte de este círculo, de la cara B del disco, porque sabes lo que te aprecio y valoro.🫂🫂❤🍏.

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  2. Me ha parecido muy interesante, el problema es que después de tanto tiempo de sufrimiento, los amigos se alejan todos, porque ya no tenemos vida para poder socializar. Miedo tengo porque veo el sufrimiento de mi marido y mis dos hijos, y ya estoy abandonada, perdida, para medicos, amigos, familia. ENHORABUENA Leo porque siempre haces entendible lo inentendible y por este blog que es la única tabla a la q me agarro

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    1. Gracias por tus palabras porque esta ventana virtual me ayuda a conectar con mi yo interior y a valorar a otros pacientes que han pasado a ser amigos. Porque pocos quieren el sufrimiento o dolor ajeno. Y nadie está libre de ello. Un abrazo🫂❤

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    2. Literal. La historia de mi vida.
      Dolor pélvico crónico y de vejiga desde hace tres años por síndrome adherencial tras miomectomía y ooferectomía de ovario izquierdo por necrosis. Endometriosis y esterilidad.
      Los amigos se alejaron solos cuando vieron que yo era solo dolor. Nadie preguntó, nadie llamó… Y yo tampoco tuve fuerzas de contestar o buscar entre tantos procedimientos y cirugías.
      Y ni qué decir de la ilusión de una vida en pareja… A mis 35 años y con este dolor, a veces, es muy difícil suponerla.
      Sin poder trabajar en todo este tiempo porque el dolor es constante.
      Pero me concentro por ahora en amar está versión de mí con dolor que no conocía y con mucha compasión. En llevar el día y pidiendo a Dios la providencia.
      He encontrado grupos de apoyo bilingües, pero jamás uno en español. Me gustaría saber si conocen fotos o páginas.
      Saludos desde Colombia
      Sigamos aprendiendo y amando esto que somos… Más allá del dolor.

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      1. Angélica lo has descrito al final. Somo más que nuestro dolor. Aquí sí hay asociaciones de endometriosis y dolor péllvico. Yo te las escribiré. Mándame un correo y me hago con ellas. El martes 19 tenemos un programa en directo sobre dolor, todos los tipos, es a las 19.30 pm en España. Si quieres saber más me escribes al contacto del blog.
        Y lo que relatas le pasa a muchos pacientes, yo incluida. Los amigos solo quieren lo bueno, por eso valoras tanto la amistad, que a veces encuentras en la persona que menos esperas. Un abrazo🫂😘🍏.
        #JuntasVamosAPoder.

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        1. Claro que sí, muchas gracias. La verdad es que jamás ni siquiera he conocido a alguien como yo con dolor en la vejiga o en órganos de la pelvis. Con endometriosis sí, sin embargo, mi dolor va aunado a otras condiciones en esa zona pélvica que usualmente no he conocido en otras mujeres, ni hombres. Como que tengo todo un revuelto de todo ahí que ya ni los médicos saben.
          Acá las mujeres con endometriosis las tratan con anticonceptivas y analgésicos o en caso tal les quitan la matriz. Pero más que todo tienen su dolor mientras menstrúan. En cambio mi dolor es TODOS los días. Entonces como que no he conocido a alguien igual que yo la verdad aquí.
          Sí, es maravilloso que en España veo tantos avances en este tema. Mi sueño ha sido poder viajar, pero ni forma ahora. Mi condición me ha dejado prácticamente en nada. Todo lo que hacía ahora no puedo hacerlo… por tanto el tema económico ha sido muy duro, pero bueno tengo fe y esperanza en Dios que algo pasará. Si cada día abro mis ojos de nuevo, entonces… bueno el camino sigue.
          Ay sí, si hay foros o grupos de personas con dolor en español claro que sería mucho más fácil para mí. En inglés a veces casi no entiendo porque usan vocabulario muy especializado de sus condiciones, entonces como que realmente no terminan siendo grupos de apoyo sino de práctica de mi reading jajaja.
          Pero sí, este camino es de mucha soledad. Cuando voy a la clínica del dolor en mi ciudad, a las personas que atienden son de avanzada edad, realmente no conozco a nadie de mi edad o al menos cercana con dolor. Soy la única. Entonces sí, ha sido un camino muy solitario en el que realmente no tengo la oportunidad de conocer amigos o amigas, mucho menos una pareja que entienda el dolor.
          Estos son mis datos
          Y me llamo Angélica María
          amoreno2@unab.edu.co
          Vivo en Santander, una región ubicada al oriente de Colombia.
          Muchas gracias por la información que nos compartes aquí y tus palabras que nos hacen sentir que no estamos solos ni solas.

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      1. Es complicado,las personas sólo quiere que las escuchen, pero cuando oyen hablar de sufrimiento o de dolor crónico,intentan cambiar de conversación, porque no saben afrontar o no quieren ,la parte negativa,de la vida

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  3. Me he sentido muy reflejada en tus palabras, la amistad cuando uno tiene una dolencia crónica, no se hace nada fácil, porque la amistad es cosa de dos, y si uno quiere y el otro no, se vuelve imposible, pero también es cierto que la amistad se pone a prueba cuando suceden cosas que no había pensado, y ahora es cuestión de las dos partes decidir si siguen adelante “a pesar de…” Y ahí es cuando se verá si los sentimientos que sostienen esa amistad son lo bastante profundos para resistir los nuevos vientos huracanados que se aproximan, porque la cronocidad de una situación, no es fácil para ninguna de las partes. A pesar de los desengaños que nos puedan dar algunas personas, también es cierto que vas encontrando con nuevas amistades que ya te conocen con el dolor y la enfermedad y te aceptan tal cual, así que como dice una amiga en común #siempreadelante Leo. Y muchas gracias por escribir de cosas y temas que nos importan y que, por lo menos a mí, me ayudan a reflexionar sobre lo que tengo ahora, y no mirar para detrás. Un gran abrazo.

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    1. Gracias de nuevo Dory por tus palabras. Porque es así, tu amistad se pone a prueba cuando la enfermedad entra en casa. Y es una situación difícil para todas las partes. Más para el paciente, la parte más débil y por eso la valoro tanto.
      Un beso y #SiempreAdelante y #NoDesistir 😘❤🍏

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  4. Querida Leo:
    Me ha encantado tu entrada.
    Qué grandes verdades dices!
    Siempre lo digo: lo único bueno que me ha traído mi enfermedad de dolor crónico es conocer la verdadera amistad.
    Amigos he tenido varios en mi vida que ahora sé no lo eran.
    Y como dices, tampoco necesito que estén encima de mi. Solo saber que puedo contar contigo, contar de verdad, hablar de todo sin ser juzgada, tener esa complicidad que solo la da la verdadera conexión emocional me hace sentir mejor a pesar de esta dura vida que hemos de transitar.
    Te quiero y gracias por ser mi amiga.❤

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    1. Gracias bidireccionales. Como digo. Es lo que nos ha enseñado el dolor y mira que yo digo que no he aprendido nada, pero en este punto estoy equivocada. Porque se han marchado unos, quizá solo estaban por múltiples razones que no entró a valorar y siempre estarán los que ahora más valoro. Tienes una amiga en mí, 🫂❤😘.
      Estas amigas son auténticos tesoros o joyas.

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  5. Hola, padezco de dolor neuropático desde hace casi 13 años. Tras 7 operaciones (4 en el pie izquierdo y 3 en la espalda), hace 1 año me implantaron un neuroestimulador medular. Todavía aprendiendo a manejar los programas y “rezando” para q alguno de ellos pueda aliviar el dolor, aunque sea, en un 10%.

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    1. Hola Miren te comprendo porque yo he agotado todos los recursos. Hace un año me pudieron un neuroestimulador periférico en la mejilla. Al principio parecía que iba, pero como digo perdió la señal. Lo malo es que no hay manera de encontrar un programa que haga algo. La verdad es que solo he visto 2 veces a un técnico. Lo programan los neurocirujanos y no hay modo. Yo creo que como no hay respuesta tampoco apuestan por él. Me alegro cuando leo a quien ha recuperado su vida. Con ese 10% todos nos alegramos. Pero pocos dejan la medicación. Un abrazo Miren🫂😘💚.

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