Llega Mi octubre rojo.

(Tiempo de lectura 4 minutos)

«El dolor expresado nunca es el dolor vivido», D. Le Breton.

¿Qué verdades existen alrededor del dolor crónico como enfermedad? ¿Por qué nos cuesta aceptar el dolor ajeno y no el propio? ¿Qué nos lleva a cuestionarlo, y a validar el amor o la alegría, cuando ninguno se ve ni se toca?

Demasiadas preguntas, ¿o no? Quien haya seguido mi blog durante estos años sabrá o comprenderá que soy de interpelarme y cuestionar demasiado, y al tiempo de dar respuesta cuando puedo, otras veces os la dejo a vosotros y en este caso al futuro o posible lector.

Eso sí, en este año tan duro en el que mi cuerpo pelea, y no me gusta el término frente a un dolor que se ha vuelto indomable, es necesario que la mente repose o descanse de alguna manera y evitar el eterno bucle o rumiación. Algo que expuse en la entrada anterior. No es fácil, nada, pero nada, y está en nosotros con la ayuda de los profesionales si queremos seguir o al menos intentarlo.

¿Por qué volver a escribir y con este título? La verdad que no poseo una respuesta clara, y quizá no exista, pero sí os digo que me apremia la necesidad de plasmar en palabras lo que no puedo contar de viva voz. Para mí la escritura es y ha sido terapéutica, espero que no siga siendo, y si no puedo hablar, porque incrementa mi dolor o el de tantos, acudo a las palabras, a las que curan, sanan, conciencian, ayudan, cuentan…, aunque sobre este tema no existan tantas y sea preciso crearlas o convertirnos en un vehículo.

«Las palabras son «aladas» por su fragilidad, es decir, las palabras pueden ser olvidadas e incluso pueden ser pronunciadas sin la adecuada atención… Por otra parte, sellan nuestras promesas, las que cuidan, advierten, y aconsejan» (Una Filosofía de la resistencia, Carlos Javier González Serrano y que os recomiendo).

Esta ha sido mi humilde pretensión, acudir a las palabras como mensajeras, las cuales se pueden convertir en una forma de acción ante mi dolor y el de todos. Y ello, en un ensayo entre intimista y científico, que comencé o fue un propósito del año pasado. Lo más seguro es que en la actual tesitura del que vivimos, del que ya llevo consumido la mitad, quizá no me lo hubiera planteado. Por muchas razones, no solo por el dolor, que ha regresado muy fuerte y todos conocemos, también el esfuerzo y lo que supone revivir aquello que tanto daño me ha producido, y lo peor es que sigue en tu vida.

Ahora bien, si no lo hago, o lo hacemos todos, nuestra voz y lo peor, lo que vivimos, quedará relegado y hasta normalizado en una estadística más. Sí, solo somos fruto de un triste porcentaje, de un abrumador gasto (gasto en el producto interior bruto) de la sanidad que se ha estandarizado.

Frente a ello solo algunos pocos están levantado la voz y la palabra de una forma más contundente, que no yo que lo intento desde mi humilde portal, para enarbolar un basta ya al positivismo impostado, a la llamada happycracia, a que todo lo que nos indican sobre que “la voluntad todo lo puede”, y está en ti y solo en ti salir del agujero de la culpa, hasta del dolor o de la depresión.

Volviendo al citado ensayo de Javier González Serrano, Una filosofía de la resistencia, y en relación al desarrollo del bienestar emocional indica: «entre los gurús de estas habilidades ha habido quien no ha dudado en asegurar —con sumo atrevimiento y nula sensibilidad social— que somos nosotros quienes nos provocamos  las depresiones; por supuesto  somos nosotros quienes debemos salir de ellas. El negocio de la resiliencia y de la adaptación queda servido…».

En resumen el citado libro, como el que os presento en el tema que a tantos nos interesa, nos invita a pensar, reflexionar, actuar contra toda la manipulación emocional que recibimos ya sea por las redes sociales, los medios de comunicación, ciertos libros de autoayuda, y el llamado positivismo o pensamiento naif, de todo se puede. Ojaló, ¿verdad? Por eso hemos de ejercer, en la medida de nuestras posibilidades una resistencia.

Ante la oportunidad de actuar, decidir, reflexionar… con mi modesta labor deseo remover conciencias, y con una pregunta que, últimamente, me hago a diario: ¿merece la pena? No lo sé, pero lo que sí puedo decir es que necesito contestarla, sin un ahogo y recelo. No olvido que cualquier sufrimiento como este carece de sentido. A menudo, nos recuerdan la tesis de Viktor Frankl (El hombre en busca de sentido), que es necesario ponerla en el contexto en el que la pronunció y vivió. En mi opinión, así se debería entender, pero no para todos los casos en los que vivimos y sentimos demasiado dolor que no cesa. Dirigir ese planteamiento al sentido de la vida misma, de cada momento, y no al sufrimiento, que no lo tiene, ni te hará mejor persona.

Otro gran problema es evitar las manipulaciones emocionales que a diario escuchamos de «querer es poder», por esa razón agradezco al psicólogo Víctor Amat el prólogo a este libro. Porque en la actual espiral de autogestión emocional a la que nos pretender llevar, poniendo la etiqueta de persona o paciente resiliente, nos conduce una culpa insana y nos arrebata lo poco que nos queda, como he indicado es: decidir, pensar, intervenir…, volviendo a lo que he escrito al inicio.

Es la sinopsis de este nuevo libro, otro paso más, en la búsqueda de conjugar el lenguaje, las palabras, la literatura con la realidad invisible del dolor, tan cercana y dolorosa para millones de personas, tanto en España como fuera de nuestras fronteras.

He tenido que acudir a la autopublicación, ya que nadie quiere un libro de dolor, y si ya ha estado publicado, en parte, menos. No busco o pretendo rédito alguno, lo obtenido irá a sufragar el gasto y lo sobrante se destinara a obras sociales, enfermedades raras e investigación. Esto lo tengo claro. Solo busco o intento remover algunas conciencias, y para obtener el sello de Maestría de la editorial me han dejado algunos comentarios que quisiera compartir con vosotros, quienes sois una parte más de mí, y de hecho a vosotros está dedicado. A todos los pacientes y dolientes.

Aquí os dejo algunos extractos del informe del editor para obtener el sello de Maestría: «La originalidad de este libro reside precisamente en ofrecer una fórmula que concilia ambas almas, la íntima y la científica, sin caer en las trampas apuntadas. El resultado es un texto que es humano y exacto a la vez, un texto que conmueve como solo la mejor literatura puede hacer y que es también ejemplar en el plano empírico, por la seriedad con que se acerca al asunto tratado, e incluso en el periodístico, por desvelar ángulos insólitos del mismo».

«Mi octubre rojo es un libro recomendable porque presenta un testimonio que no deja indiferente; porque informa sobre la realidad de una enfermedad poco conocida y ofrece a quien la sufre, y a sus seres cercanos, datos útiles sobre la misma; porque, al hablar del dolor crónico, denuncia las carencias de una sociedad con frecuencia ensimismada, y porque, finalmente, usa una prosa cuidada, pero natural y cercana, que engancha».

No sé si lograré llegar a todos, en especial a esa sociedad ajena al dolor de los demás, pero me sigo empeñando en hacer lo posible, y en este año marcado a fuego por un dolor que ha vuelto más rebelde que nunca, estas palabras son un soplo de aire en la inmensidad de un océano cada vez más profundo.

Los enlaces de venta están en esta página, y cuando llegue octubre y si el dolor me lo permite me gustaría ir a varias ciudades, conocer a pacientes y lectores. Algo que es voluntad mía, pero podéis sugerirme lugares para compartir y conocernos. Enlaces de venta

«Lo espeluznante de la cultura de la imagen es que nos conduce a ser meros espectadores, o cobardes, incapaces de ver. Mirar sin hacer nada nos ha vuelto insensibles», Susan Sontang, Ante el dolor de los demás.

Ojalá el mes de octubre me permita acercarme a distintos puntos y hacer las presentaciones. Conoceros y charlar.

6 comentarios sobre “Llega Mi octubre rojo.

  1. Querida Leo, yo también me haga esa pregunta, ¿merece la pena?, mi respuesta es la misma a la tuya, pero espero, como deseas, encuentres una respuesta y el esfuerzo que has dedicado a este proyecto, a visibilizar a las personas que vivimos con dolor crónico, lo que te agradezco infinitamente, te ayude en que esa respuesta termine siendo lo más positiva posible. Un abrazo 🫂

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    1. Querida amiga una pregunta que me hago a diario y cuesta tanto. Este año está superando lo esperado. Este proyecto comenzó el año pasado y solo espero que tanta energía, que no nos sobra, merezca la pena un poquito. Te mando un mega abrazo.🫂🫂❣️💚

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  2. cómo se vive con esto que no te mata? Cómo vive un pequeñito con una madre q sufre esta maldita enfermedad del trigemino … sirve este dolor? Avanzas? Te hace crecer??? gracias porque tú escrito nos acompaña y quizás un día ayude a sanar .

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    1. Así es, no sé puede vivir, se mal vive y ya basta de buenísimo y normalizar lo inhumano. No sé de dónde he sacado las fuerzas, pero ojalá nos escuchen y se nos alivie la vida. La cura no la veo y siento próxima. Un 🫂🫂💙♥️

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  3. Querida Leo.

    Deseando poder leerlo y yo también me hago la misma pregunta. ¿Merece la pena?. O ¿Hasta cuando podré seguir sobreviviendo? . Muchas preguntas que me hago muchos días y más en concreto ahora que estoy en el peor momento de mi vida. Vivir así es como ir en una montaña rusa en la cual por desgracia estamos más veces en lo alto ( con los brotes) de lo que nos gustaría.

    Muchas gracias por tu incansable trabajo de dar visibilidad al dolor y deseando si lo presentas en Madrid poder ir a darte un abrazo.

    De momento te mando uno virtual 🫂

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    1. Gracias de ❤️❤️❤️.
      Ahora que se escucha ¿merece la pena? Ojalá se pusieran en nuestros zapatos por un día. El dolor agota, nadie mejor que nosotros para saberlo y vivirlo. Espero poder ir a Madrid para el otoño y os avisaré. Un abrazo virtual 🫂🫂❤️📕📚

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