(Im)posible decir adiós

«Ya que la vida es breve, acorta la larga esperanza.» HORACIO.

(Tiempo estimado de lectura: 6 minutos)

Cada vez tardo un poco más en escribir en mi particular ventana virtual. En parte lo anticipé en la entrada sobre la adaptación, y que pudo resonar en algunos como un cierre o el primer paso de otro duelo, y pensándolo quizá sí lo fuera, ya que ahora dudo de todo, más se cabe de mi mente y capacidad para transmitir un mensaje que resuene.

Pensándolo mejor, sabemos que los duelos siguen llegando, y parecidos a una montaña rusa en el que te ha tocado un boleto para realizar un viaje infinito. Además, quisiera incidir, ya que la gente acostumbra a asociar el término duelo a la pérdida de un ser querido, y ya sea como doliente o como particular, hay tantos y diferentes duelos como situaciones en la vida.

Así pues, ¿qué viene tras la fase de adaptación? Si se lo preguntamos a aquellos que han decidido que el camino no es otro que abanderar una lucha, o ser una guerrera ante la adversidad, porque para algunos: «querer es poder» y tantas otras perlas, no conjugando esa filosófía, me dirán que no nos queda otra que seguir en la liza, y sin dejar nunca de luchar, aunque esta te lleve al peor de los escenarios.

Que con ello le estás ganando días a la Bestia o al dolor ¿seguro? En fin, a la vida misma, eso sí, sin dejar nunca de luchar. No soy quien para voy quitarles la razón, porque cada persona o doliente vive nuestra situación como ha decidido, y citando antes a Horacio, aquí lo interpreto a mi modo.

Es decir, nadie es futuro, por contra todos tenemos un pasado, el cual afecta a su presente, por mucho que deseemos que este sea lo más tranquilo, liviano, etéreo, grácil, etc.; cada uno conoce cómo es su día a día, y no podemos escapar de él y menos encerrarlo entre soflamas imposibles que me porolonguen la vida, vía Mrs. wonderfull.

Con todo, si he vuelto puede que haya mejorado en mis duelos ¿o no?, solo quería volver a mi tranquilo arte de escribir y divulgar en esta materia. No voy a negar, que no te afecte la indiferencia, que no siempre proviene de todos, pero sí de quien más aprecias o valoras, o que piensas que al ser los más cercanos no te fallarán. Así pues, Los candados no deberían estar en las personas o sus relaciones, pero es donde más resuenan.

Soy plenamente consciente que ni con un ejército de personas que se alie para dar y ofrecer nuestro testimonio o fuerza en dar visibilidad a lo que nos sucede a millones, cambie en panorama en el submundo del dolor crónico. No es derrotismo, es la evidencia de lo que acontece y ya lo he indicado varias veces ¡Qué repetititva soy!

En esta tesitura de «vivir», cuando lees varios artículos indicando cuál es el coste de nuestro bienestar, más que perturbarme me hacen reflexionar. Siento que seguimos en paralelos diferentes y nunca nos vamos a encontrar nunca, máxime si tantos no logramos simplemente vivir o seguir con cierta dignidad.

La RAE nos ofrece dos definiciones sobre el término bienestar: 1ª «Conjunto de las cosas necesarias para vivir bien»; y en su 2ª acepción ofrece esta definición: «Estado de la persona que se siente bien física y psíquicamente».

No llegaré a comprender que, sabiendo el coste que acarreamos a las arcas públicas, sigamos siendo invisibles, o solo se nos mencione por el hecho de lo que costamos, y no por lo que sufrimos, que es bien distinto. Uno de los motivos está en el hecho de que el dolor crónico como tal, no es una enfermedad mortal. Pero basta de quejarse, porque los que sí han peleado por la Ley ELA tardarán en ver y mucho la llegada de unos recursos tan necesarios. 

Estimo que quien me lea ahora o ya me conozca sabrá que la definición más adecuada para un doliente es la 2º de la RAE, esto es: estar sano desde el punto de vista físico, mental y emocional. Así que decirles adiós a este sucedáneo de vida lo vislumbro difícil

Hasta hace poco mantenía la necesaria esperanza junto a una esencia interior. Y puntualizo, no en curarme de la patología, porque hace tiempo que soy consciente de mi situación (ahí comenzó otro duelo), aunque espero que sí lo sea para los debutantes, y estos sí puedan decirle adiós. Como muchos otros, así lo creo, pues nos conformamos con una cierta estabilidad , y ser atendidos de forma humana en los centros de salud, a fin de no desgastarte en contestar siempre lo mismo.

Que lo anterior venga acompañado de una cierta empatía, y que no nos encasillen en lado oscuro donde siempre nieva, graniza, o no se ve el sol, ya no depende de nosotros. Quienes conocemos allí donde la ventisca es continua y silba con graznidos sordos, esos que solo tú oyes. Sin olvidar el color especial que transmite la luz del norte. Una que solo tú ves, simbolizando a mi entender belleza o tranquilidad, y anhelas tocar con las yemas de los dedos. ¿Alguno la ha contemplado? Es especial, porque es más apagada y el tiempo reflexiva, siendo aquella que desearía que transitara por mi mente, aunque solo fuera de visita.

A pesar de todo, ha existido una parte buena y no la olvido a pesar de las décadas con la Bestia, y es la que me ha permitido seguir. Por ejemplo, ahora acudo a la escritura a modo de distractor, pese al parón necesario que pedía mi cuerpo y mente, incapaz de escribir dos párrafos con cierto sentido, y esperando que estos lo contengan. He experimentado una temporada en la que las palabras estaban en mi cabeza, si bien naveganban entre tinieblas, y se perdían en esa bruma que solo los marineros más expertos pueden atravesar, pero ahí no estaba yo. Me recordaba a mi admirada Sylvia Plath en su libro La campana de cristal.

Por múltiples razones necesitaba parar, frenar y hacerlo en seco. De hecho, tengo mis redes sociales muy aparcadas o abandonadas. No percibo más que odio u otras aspectos del famoso algoritmo que nos sacude a todos. Salvo por los pacientes de dolor que siempre te acogen con un abrazo virtual.

Ahora tampoco sé si estas, mis palabras, resonarán y tendrán el significado que quiero darles. Seréis vosotros, sus lectores, los jueces. Por todo ello, y con gran esfuerzo cada día he procurado retomar la escritura y lo hago con este deseo. En un etéreo intento de sosegar no mi dolor, pero sí mis pensamientos.

Esto último poco tiene que ver con el título elegido para retomar el blog, y lo he tomado prestado, como hago otras veces, de un libro. Esta vez con la reciente premio Nobel Han Kan y su libro Imposible decirle adiós, y que desde este espacio os lo recomiendo, aunque en principio no tenga nada que ver con lo que nos sucede a los dolientes ¿o sí?, porque su lectura ha obrado en mí la fuerza para volver a escribir.

Una novela en la que están muy presentes temas como la amistad, el tiempo, el olvido, la violencia, la naturaleza, etc. Algunos tan cercanos, porque los dolientes soportamos sin quererlo una violencia invisible.

«La nieve caía a la velocidad que fluye el tiempo», y cómo me recuerda al dolor que nos engulle a una velocidad que ni puedo ni quiero ni deseo acostumbrarme» Imposible decir adiós.

Han Kang

Leyendo esta novela, con datos históricos y reales, he meditado la factura que el paso del tiempo ha dejado en mi vida. He conocido otra cultura y hechos o situaciones aterradoras del ser humano, que no se deberóan olvidar.

Trato pués, de conciliar mis recuerdos, cuando su presencia se asemeja a unos surcos imborrables. De ahí que parte de la citada novela me trasladen a una eterna ventisca, en la que las huellas no desaparecen en un imposible decir adiós.

Este libro me ha mostrado que mantenemos una visión muy limitada de la realidad en la que vivimos, y a mi juicio si no hacemos algo, si es solo con palabras que a otros les motive a llevar hechos algo pueda cambiar. Y todo porque cómo existir al son del dolor con unos latidos que cada vez son más flojos.

Como escribío Rosa Regás: «con el tiempo y aunque luchemos por evitarlo, acabamos sufriendo por todo, aunque sepamos que no tiene demasiada importancia nuestro dolor porque no corresponde la mitad de las veces a una causa real». (Diario de una abuela de verano)

La vivencia  ya sea larga o corta, nos deja, sin pretenderlo, y como he indicado una huella, la verdad todo nos muestras un rastro que quizá se desvanezca o profundice, y esta a su vez se contagia en nuestro metabolismo. No podemos escapar a eso, ojalá fuera posible que los latidos desenfrenados ante una crisis solo fueran un mínimo susurro, y no la vida que tan bien conocemos. Y lo triste es que seguirá así. Por mucho que yo me empeñe con este blog, los artículos u otros textos, el problema de salud pública del dolor no interesa, porque ya lo he adelantado, no es mortal en sí, aunque sea una causa más de suicidio.

«Nos quedamos calladas hasta que todos aquellos sonidos dejaron de oírse. Fueron aminorándose como si el agua se aquietara y, de pronto, se hizo el silencio, como una música que va bajando de volumen hasta desvanecerse, como el silencio de un rostro que se queda dormido hablando entre susurros» (Imposible decir adiós).

Tantas veces he pensado, querido o anhelado que pudiera decirte adiós. No creo que deba decir a quien. Un deseo compartido por tantos que esperamos nuevos fármacos tras décadas (ahora la esperanza puesta en la  suzetrigina aprobada en EEUU y esperando que nos llegue pronto). Al igual que se trabaja en la humanización del dolor, al que veo tan inhumano o lo único que procede es humanizar su tratamiento, y que el paciente sea creído y atendido al llegar a un centro sanitario más allá de las definiciones, y con hechos. Por ahí comenzamos ya a humanizar.

En estos meses de ausencia algún doliente me ha dicho que es momento de hacer más. Fue algo que, en su día, con más fuerzas, había pensado, pero mi cuerpo y espíritu ya no son los de antes, es tan tenue como el vuelo de una mariposa, y no encuentro las fuerzas o el ánimo que se precisa. Con reunir estas palabras con sentido y coherencia para mí es un avance. Le dejo el testigo a quien tenga o posea la fortaleza que yo he perdido. .

Consciente que ante el dolor no veré el adiós, y me enfado cuando veo tanto silencio ante cualquier dolor ajeno, ya no el mío, sino el que nos rodea a todos. Y más, si solo nos exigen o más suave nos recomiendan, adáptese. Cómo si se puidera hacer con un simple click. De acuerdo, pues acompáñame en el camino, ya que no soy capaz de encontrarlo ante unas  luces que titilan y se van apagando en el dédalo que no quise bajar.

«Me encontré cara a cara con el inexorable paso del tiempo que no conserva, sino que destruye lo que deja atrás» Rosa Regás.

No quiero pensar que mi vida haya sido o sea un libro más, y un personaje que habita en él. Las cosas de la vida tienen sentido si funcionan narrativamente, pero el dolor no se puede narrar por completo sin sentirlo. Un intento está en Mi octubre rojo. Algo que no deseo que lo haga nadie para comprendernos. Igual por eso extraído consecuencias equivocadas, pero cuando dices adiós sí sientes algo es porque te dejo una marca, aunque solo la veas tú.

8 comentarios sobre “(Im)posible decir adiós

  1. Te entiendo tanto, yo separada de las redes, porque no encuentro nada interesante y diferente que compartir. Muchas gracias por seguir escribiendo donde tantos nos reflejamos en tus palabras. Un abrazote

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  2. Qué gran verdad y tristeza me dan tus palabras. Llevo un tiempo diciendo que ya estoy muy cansada de aguantar este dolor , cansancio, mareos y más síntomas que van apareciendo con el tiempo. Y los «profesionales de la salud» diciendo que es normal con lo que tengo . Qué las personas que padecemos ésta enfermedad lo normalicemos para seguir sobreviviendo, no es motivo para pagar tan caro nuestro día a día.
    Gracias Leonor por estar siempre ahí y explicar tan bien cómo nos sentimos. Un abrazo

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  3. Hola

    Qué bonito escribes y cuánta admiración tengo por alguien que ha sido capaz de VIVIR, aún con tanto dolor, y aportar con tus escritos. Aunque no sea consuelo, quería agradecerte que sigas escribiendo, porque me gusta leerte y saber que hay personas por ahí que podrían entenderle a uno, con solo mirar los ojos abatidos del que no conoce descanso.

    Yo, que llevo «paralizada» ya dos años, mirando al techo, sin ganas ni fuerzas, cansada de que en la medicina me traten por loca, aislada por completo y sin creerme ni aceptar que entré un día en un dentista para un simple empaste y ahí se acabó mi vida como la conocía. Que era ya muy poca cosa, pero me sentía persona, no esto que soy ahora. Ayer, tuve fuerzas para un paseo por la maravillosa zona de Isla en Cantabria, esta Cantabria donde llegué con tantas ilusiones y al final el sueño se tornó en pesadilla por una mala carambola del destino. Y por un momento noté como me venía la sensación de placer que siempre tuve en la naturaleza, volvió unos instantes mi antigua sonrisa y pude contemplar el paisaje por un rato sin ese velo del dolor con el que lo observo desde aquello. No se por qué fue, ni como vino ese momento de semipaz pero lo agradecí con fuerzas al universo.

    Un abrazo virtual y siempre siempre mi agradecimiento por contar las cosas como son.

    Enviado desde Outlook para Androidhttps://aka.ms/AAb9ysg ________________________________

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    1. Qué palabras tan cercanas esas de un día todo cambió y perdí la esencia, las ganas y te toca vivir de esta pseudomanera. Necesitaba saber que podía escribir algo que os llegue que me tire de esta parálisis escritora y de todo. Con poco nos conformamos y pedimos. Un rato de paseo en el que vuelva a ser yo. Gracias de ❤️❤️📚

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  4. Me alegra ver que has vuelto a escribir, sé lo que te está costando🫂. El título del post me ha gustado mucho “(im)posible decir adiós”, algo que me ocurre a mí, con este dolor neuropático que sigue ahí, erre que erre y que por desgracia seguirá en el futuro, como dices, al no matar, no es urgente, ni importante, sólo que costamos a la sanidad mucho 🤬. Ojalá ese nuevo fármaco abra una nueva ventana a la esperanza 🤞🙏.

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    1. Gracias Vero querida. Me ha costado mucho volver a escribir y está novela me ha motivado.
      Sabemos que nosotras no le diremos adiós, a veces hasta luego a la intensidad. Solo la investigación y conciencia nos puede ayudar algo y el dolor no espera. Como ha salido estos días sobre el triste caso de los cuidados paliativos, nosotras sabemos bien que sufrimos no sólo en hora de consulta sino los siete días de la semana. Es complicado aguantar hasta que tengas la consulta tan esperada. Un abrazo 🫂 💙🌸

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