
(tiempo aproximado de lectura, 6 minutos)
«Espero que, antes de juzgarme y condenarme, tenga a bien escuchar mi historia…», Las luces de septiembre, Carlos Ruiz Zafón.
No me cansaré en escribir para dar las gracias tanto a los seguidores de este blog, como al resto de lectores, por comentar, acompañar o leerme, aquí en este espacio abierto y que compruebo llega a muchos países, o ahora a través de Mi octubre rojo. He estado pensando, y hace unos años publicaba más entradas, pero este último, como os relaté en otras entradas previas, pese a la alegría de sacar el nuevo libro, está siendo muy complicado planificar algo a todos los niveles. Lo peor es que escucho y leo en los foros, grupos en los que participo, menos de lo que quisiera, o en las redes que es una situación generalizada en los pacientes de dolor crónico, algo que no consuela.
Esta entrada se la quiero dedicar a todos y todas las personas que nos escuchan, pero de la manera que sabemos, deseamos o esperamos, y especial a un profesional que llegó para sujetar los puntales de una mente al borde. Y en momento en el que el abismo que, tristemente, tantos conocemos y oteamos a menudo, era aún más pronunciado.
La RAE (Real Academia Española) define el verbo escuchar en su primera acepción de la siguiente manera: «1. tr. Prestar atención a lo que se oye».
De igual manera, la mayoría conoce o al menos intuimos que no es lo mismo oír que escuchar. La clave está, como indica la anterior definición, en prestar atención, y que esta se clara y consciente. De hecho, la escucha activa es uno de los temas en los que me detengo en Mi octubre rojo, porque se ha perdido o está de capa caída y no solo en el ámbito sanitario, creo que así mismo en todos los sectores.
«La simple y tan necesaria escucha activa lograría hacer tanto bien como el mejor de los tratamientos, máxime cuando te has convertido en un paciente crónico, ya sea de dolor u otra patología. Ante esta tesitura, es deseable emprender acciones que puedan ir dirigidas a ser escuchados. Un verbo, «escuchar», con un poder que deseo que la mayoría conozca y que se usa… ¡Tan poco!» (Capítulo XIII. Carta de una paciente de dolor, Mi octubre rojo).
Indicaba Goethe que «escuchar es una necesidad». A poco que lo pensemos, y sé que particularmente lo hago con exceso, ya he comentado que me califican de demasiado reflexiva, y cualquiera se dará cuenta de si hablamos con la intención de ser y sentirnos escuchados, la escucha valida el simple hecho de hablar. La otra afirmación de Goethe aseguraba que «hablar es una necesidad, y escuchar es un arte”.

«Escuchar… En el fondo, es ser atento con el otro. Una manera de manifestarle nuestro respeto. Oír, tal como señalan los lingüistas, es un término no marcado, carece de la marca semántica «con atención deliberada», en tanto que escuchar es un acto de atención a lo que se está oyendo. Es atender y entender las razones del otro, sin alterarlas ni manipularlas. Es adoptar una forma receptiva, hacerse receptivo a recibir y acoger las palabras del otro» El arte de saber escuchar, Torralba, Francesc, Ed. Milenio, p. 15
¿Cómo se puede intentar que la escucha sea activa?
Por un lado, mostrando ciertas habilidades como la atención, el lenguaje corporal (la postura de quien habla es importante) así como el contacto visual. Quien no ha acudido a una consulta y se siente que no le miran a los ojos. Unas veces, porque están tomando notas en la historia, y otras porque no lo desean o quizá no sepan cómo hacerlo. Aquí la inteligencia artificial, por lo que he podido leer, puede convertirse en una herramienta para las gestiones administrativas o la propia historia, como ha iniciado la sanidad catalana, lo que puede o ayuda a que las habilidades anteriores se hagan efectivas.
Por otro lado, la escucha activa es la mejor herramienta para poner en marcha la deseada empatía, al validar los sentimientos o atender a las emociones. Es necesario recalcar que la empatía no es tanto ponerse en el lugar del otro y volver después a tu lugar, como crear a través de ella un mejor escenario de confianza necesaria. En definitiva, de responsabilidad afectiva. Así al escucharte de esta forma, por ejemplo, comprenderán que no pasas o estás en el mejor momento o temporada, y disimulas o dejas de dar respuestas o llegas a decir todo bien o mejor.
Siguendo con estas premisas, es preciso hacer las pausas necesarias al hablar, respetar tus o sus tiempos, o no culpabilizarte por no avanzar, ya que son actuaciones que nos llegan a aliviar. No es fácil trabajar, convivir, estar, querer o acompañar a un paciente de dolor crónico de todo tipo, más aún si es refractario, o si su neuralgia está desatada, y el hecho de hablar resulta un suplicio más; pero aun así, lo hacemos, ya que es la herramienta de comunicación que sabemos que nos ayuda por el simple hecho se sentirnos escuchados o socializar, aunque luego se cobre su factura.
Reír o llorar son actos fisiológicos que realiza todo ser vivo, y no solo los humanos. Con ellos liberamos las necesarias hormonas, unas endorfinas tan necesarias, que de no hacerlo te ahogan; por ejemplo, si no lloras. Tampoco has de estar en una queja y llanto continuo, caer en el catastrofismo no nos ayuda, pero no seré yo quien le diga a otro paciente: no llores o no te quejes. Soy la primera en hacerlo cuando lo necesito y lo realizzo a menudo, al igual que reírme, aunque duela. Una sonrisa exterior es otra interior.
No soporto escuchar a los gurús de la “autoayuda” y otros que no están ahí, que no nos debemos quejar y ser más agradecidos para curarnos. Sí, con esas palabras, o para tener éxito. Escuchar que el amor cura, es ir demasiado lejos alivia, acompaña, «curar» el en sentido de remediar un mal. Es de bien nacido ser agradecido, y lo estoy a la sanidad pública, a los profesionales que tratan de ayudarme, a quienes me quieren y apoyan, a mis incondicionales amigas y amigas, a muchos, pero no al dolor, a ese no. Y bueno, si me quema la cara, tengo un dolor de 100, voy al médico y no me quejo, estimo que no por ello voy a estar mejor o me va a aliviar. Eso no impide que una caricia alivie, o que el amor sea un gran bálsamo para las cicatrices internas, intentando que el dolor no sea el centro de mi vida, y espero que tampoco de las vuestras.
En fin, ¿cómo se lograría una mejor escucha?
Este es un extracto resumido de Mi octubre rojo y que recuperé de un podcast “Todo es lenguaje” de Estrella Montoliú, que precisamente exponía la importancia de escuchar en el ámbito sanitario. Un resumen:
- Dar tiempo y espacio a la otra persona para que se exprese, como si hubiera un espejo.
- No interrumpir a quien nos habla, evítalo en la medida de lo posible, dándole su tiempo y espacio. No todos tienen la misma capacidad de expresarse y clave no juzgues, porque puedes tener a un interlocutor con una discapacidad, diversidad cultural, y la percepción del dolor físico o emocional es muy distinta.
- El lenguaje corporal da muchas pistas de si se está ejerciendo o no una buena escucha.
- La conversación se crea de manera colaborativa.
- Respetar los silencios, porque bien hechos son productivos.
- Cuántos nos dicen que es necesaria una atención plena, propia del mindfulnees, pero luego si pedimos, escuchar, esto no se realiza.
Como he indicado al principio y está en la dedicatoria del libro, estas décadas con el dolor no las podría haber superado o me hubiera mantenido, sino hubiera contado con el apoyo de las manos de aquellos que han cuidado mi mente y lo siguen haciendo, junto a mi familia y amigos. Una mente en la que revolotean los pájaros negros de la ansiedad, el catastrofismo, el miedo al más dolor, la frustración, el duelo, etc. Y no es nada fácil espantarlos, ya que aletean, continuamente, alrededor de todo paciente con dolor.
Todo lo anterior es lo deseable y que a veces se logra, y conocemos que para que pueda hacerse efectiva no depende solo de nosotros, los pacientes, sino al tiempo de quien está a nuestro lado. Y no solo el profesional médico, de la misma manera, nuestros familiares, amigos o esa sociedad actual desconocedora no solo del problema de salud pública que supone el dolor, sino de saber escuchar más y mejor.
Finalmente, nos debemos escuchar a nosotros mismos, ya que pedir a los demás, sin hacerlo propio, resulta incongruente.
«A veces estás tan absorto en tus pensamientos que ya no ves lo hay alrededor, ya no escuchas lo que te dicen, ya no sientes nada. Es como si estuvieras desenchufado de ti mismo». Te llevaré a un lugar donde todo es posible, Laurent Gounelle
Por último, en ese saber escuchar os dejo una entrevista que me han hecho hace poco, el presentador de «Gente despierta, de RNE», Carles Mesa, que, por razones ajenas a él, no seguirá en RNE, y muchos nos quedaremos huérfanos de buenos profesionales y voces. Aprovecho para reconocer su valía profesional y la de equipo. Le he estado siguiendo, como tantos oyentes estos años en los distintos espacios, no solo sabe escuchar, también es receptivo como pocos a temas que otros no quieren o no desean acercar, como es el del dolor o las enfermedades raras. Solo espero que su voz no se apague y sirvan estas líneas de reconocimiento, queja a la dirección de RNE y apoyo.
Gracias por tu saber escuchar, aquí está la entrevista: https://www.rtve.es/play/audios/gente-despierta/gente-despierta-leonor-perez-vega-octubre-rojo-libro-sobre-dolor-cronico/16187335/

Feliz verano.



¡Qué importante es la escucha activa!, tan necesaria cuando acompañas a una persona que como nosotras sufre dolor crónico y es reflejo de la empatía que el interlocutor tiene hacia nosotros.
Me alegra leer que en tu camino te has vuelto a cruzar con otra de esas personas que te han ayudado en un momento complicado para ti, vivir acompañada de una bestia no es nada fácil.
¡Qué pena lo del programa de Carles!, tu entrevista de 10👌. Agradecerte el gran esfuerzo que haces por visibilizarnos, por ponernos voz, máxime cuando el hecho de hablar te provoca dolor. Un abrazo🫂
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Así es Verónica saber escuchar y sentirse escuchado por ambas partes.
Me siento afortunada de haber encontrado a este profesional tan implicado.
No es fácil y una escucha nos alivia. Y sí, siento mucho la,marcha de Carles porque siempre ha sabido escuchar.🫂💙💚
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